Entrevista en La Nueva España

Entrevista en La Nueva España

El viernes 10 de mayo del 2013, la periodista Cuca Alonso, le realizó a Alejandra una entrevista que fue publicada en «La Nueva España» el domingo 12 del mismo mes. A continuación les transcribo el texto, ya que solamente fue publicado en la edición impresa.

Alejandra Tassis en el paseo de Begoña

 

Alejandra Tassis.  Profesora de baile y coreógrafa

 “Desde que tuve el primer conocimiento supe que deseaba bailar y ser madre”

“Mi mente siempre trabaja en busca de ideas nuevas, pero al final es la música la que me dice cómo contar lo que quiero”

Alejandra Tassis acaba de recibir el premio “Semilla de plata”, que cada año otorga el Espacio Escénico “El Huerto”, por su contribución a la danza como bailarina, profesora y coreógrafa. Una mujer de aspecto sencillo, dulce en el trato, prudente… Reconoce que su pasión por la danza la satisface mejor tras las bambalinas, que en el patio de butacas, o incluso desde las propias tablas. De lo que se deduce que ella es alma y cuerpo del trabajo que los demás hemos de disfrutar, que asume las labores de intendencia esenciales de todo proyecto; planificación, orden y puesta a punto. Tareas que no se ven pero que son imprescindibles. “El Huerto” sí las ha visto.

– Por favor, defínase.
– Nací en Gijón, mayor de tres hermanos. Me considero una mujer bastante trabajadora, muy constante y algo indisiciplinada. Un poco tímida, aunque no lo parece, ya que a lo largo de los años he logrado reunir muchos amigos. Tengo tres hijos.

– ¿Dónde vive?
– En un piso de la Carretera Vizcaína desde hace 24 años.

– ¿De pequeña, ya bailaba?
– Desde que tuve el primer conocimiento supe dos cosas: que deseaba bailar y ser madre. Siendo muy niña, mi cuerpo tenía tal sensibilidad que al escuchar una música tenía que moverme. Mi abuela me hacía trajes, de flamenca, de todo… Más tarde, cuando comencé a ver espectáculos de danza, comprendí con toda claridad que aquél era mi camino.

– ¿Cómo se inició en él?
– Hice mis estudios en el Colegio San Vicente, donde recibíamos clases de ballet, y ahí empezó mi historia. Acabé el Bachiller simultaneándolo con las lecciones de María del Carmen Fernández Elvira. Poco después, ésta creó el Instituto de Danza Karel, donde me integré, para acabar en Madrid. Luego, completaría mi formación en Barcelona donde tuve magníficos profesores.

– ¿Qué calzó primero, unos zapatos de tacón o unas zapatillas de punta?
– Los tacones, pero soñaba con las zapatillas. Tenía 14 años cuando al fin las conseguí.

– Bien. Finalizados sus estudios ya era bailarina, ¿Qué hizo?
– Me casé y decidí optar por la docencia. Impartía clases en colegios, gimnasios, hasta que en 1984 creé mi propia academia de danza en la Calzada. El año pasado trasladé el estudio al Cerillero, a un local mucho más amplio en el que hay un espacio para el arte. Hacemos teatro, música y, por supuesto, danza.

– ¿Cómo le va, en plena crisis?
– No es la mejor época, pero me defiendo. Asisten unos 150 alumnos, principalmente de danza.

– ¿Tiene una especialidad?
– Personalmente me encantan el ballet clásico y la danza española. Pero impartimos también baile de salón y contemporáneo, incluso hemos creado una compañía de este último estilo.

– ¿A qué personaje le hubiera gustado conocer?
– A Maya Plisétskaya. Siempre ha sido mi favorita; fue célebre “La Cenicienta” que bailaba con Nureyev. Ana Pavlova revolucionó el ballet clásico, ella misma se confeccionaba sus propias zapatillas utilizando vendas y escayolas. Entre los hombre me quedo, sin duda, con Nureyev y Nijinsky.

– ¿A solas consigo misma compone coreografías?
– Mi mente siempre trabaja en busca de nuevas ideas, de fantasías. Y sí, también compongo coreografías; pero al final son las músicas las que me dicen cómo debo contar lo que quiero.

-¿Qué ha significado para usted recibir la “Semilla de plata”?
Satisfacción personal, mucha alegría, algo que me anima a seguir trabajando en la misma línea. El premio lo otorga “El Huerto”, una sala alternativa creada por Estrella García, la directora de “Zig-zag Danza”. Ha sido el reconocimiento a una trayectoria de trabajo dentro de las artes escénicas.

– ¿Qué talento anadiría a su personalidad, si pudiera?
– El de bailar mucho mejor para ser una primera figura de flamenco; una Cristina Hoyos, por ejemplo. O una Maya Plisétskaya, en el ballet clásico; ella ejecutaba la muerte del cisne como nadie.

– ¿Cambiaría algo de su apariencia física?
– Sí, me hubiera gustado ser más esbelta. Fuerza y energía sí tengo. Nunca he trabajado como bailarina profesional, lo mío ha sido la enseñanza y estoy orgullosa de haber conseguido, entre todos los profesionales que nos dedicamos a esto, que hoy contemos con un Conservatorio Profesional de Danza instalado desde hace cuatro años en La Laboral.

– ¿La edad avanza en su contra, respecto al trabajo?
– La experiencia siempre es un grado, y si se pierden facultades se compensa con sabiduría.

– ¿Cúal es para usted el mejor momento del día?
– El primero y el último. Cuando llego a la academia siento ilusión al iniciar la jornada con las niñas pequeñas. Y al final me queda el relax de saber que has hecho tu tarea lo mejor que has podido.

– ¿Tiene un maestro y un político de referencia?
– Aprendí mucho de María del Carmen Elvira. El cuando al político, ninguno; siento desilusión, desconfianza y, lo que es peor, desesperanza.

– ¿En qué parte de su vida le hubiera gustado quedarse?
– Creo mucho más en el futuro, así que el pasado lo dejo ahí. Soy de las que piensan que lo mejor de mi vida está por llegar.

– ¿Se reencarnaría en alguien?
– Sí, en un bohemio del aquel París de principios del siglo XX, que era la cuna del arte. Donde se respiraba arte, se vivía solo del arte.

– ¿Pasa por una buena etapa la danza en Asturias?
– Me gustaría que adquiriera más popularidad, que la gente la siguiera más, para que nosotros tuviéramos mejores espacios y los buenos bailarines no se tuvieran que ir. Esto se conseguiría con el apoyo de las instituciones.

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