Reportaje en El Comercio

Reportaje en El Comercio

Hace unos días entrevistó a Alejandra la periodista Marifé Antuña (con fotografías realizadas por Álex Piña), para El Comercio de Gijón. El reportaje ha salido publicado en la sección de cultura del sábado 25 de mayo del 2013.

A continuación os adjunto la imagen del mismo y la transcripción del texto. Enlace a la imagen del reportaje.

Alejandra Tassis por Álex Piña

Por amor al ritmo

La bailarina, coreógrafa y profesora Alejandra Tassis acaba de recibir un premio tras más de treinta años dedicados en cuerpo y alma a la danza

El ritmo ordena. Y ella ejecuta obediente. No le queda otra. Alejandra Tassis ha reflexionado y concluído que le gusta la danza desde mucho antes de saber que le gusta la danza. Se confiesa poseída hoy y siempre por el movimiento armonioso, rítmico, bello. “No puedo evitar moverme”, dice esta gijonesa de El Cerillero crecida en Pumarín que lleva más de treinta años enseñando a otros a moverse con armonía, con ritmo, con belleza. Y esa entrega a la causa de la danza en Asturias ahora -cuando no es que la situación sea idílica pero sí aceptable- y cuando era una auténtico erial, la acaba de convertir en merecedora del premio Semilla de plata que entrega el espacio escénico El Huerto.

Alejandra -risueña, habladora, expresiva- se estrenó en el baile en el colegio San Vicente de Paúl cuando tenía diez añitos y la pasión ya rondaba los pies, las manos, las caderas, el oído, el gusto, el tacto y olfato. Formada en Madrid, Barcelona y Bilbao en ballet clásico y danza española no llegó a dar el salto a la escena mayúscula porque eran otros tiempos y no tocaba. No le pesa. En absoluto. Se casó joven, tuvo hijos y se dedicó a enseñar. Hasta hace bien poco en Cuatro Caminos y ahora muy cerquita de la iglesia de Fátima. Atesora satisfacciones inmensas. No solo por ver cómo alumnos suyos llegaban a ballets o a crear sus propias compañías o academias -son una minoría-, sino también por ver cómo todos disfrutan, aprenden y se llevan de sus clases mucho más que un buen rato. “La danza aporta armonía, autodisciplina, gusto por la música… Da cultura”, dice mientras trata de hacer cuentas y sumar -no sin cierto sofoco- cuántas personas han pasado por su academia. Se acercan a los tres millares. Y habrá más. No piensa ni por asomo en la jubilación: “No me veo sin trabajar”. Y lo que es más importante, no ha perdido la ilusión y sigue hinchándose como “un globo” cuando ve a una niña -son mayoría absoluta- con condiciones y ganas.

Convertida en empresaria de la compañía La Piloto, que lidera su hija Rebeca, tiene todavía proyectos pendientes. Ella, que ha realizado coreografías para su alumnos, que ha colaborado con grupos de teatro y que adora la música, aspira a unirlos algún día. “Me gustaría que las artes escénicas dialoguen juntas”.

 

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